Hablando de amor, en términos de espiritualidad

Amigos míos:

El amor ha sido artífice de tantas batallas en nuestra faceta existencial, y al igual que con tantas Deidades se han construido muchos mitos, basados en los paradigmas, sobre los cuales construimos nuestras relaciones afectivas,  y son estos precisamente los que en muchos casos, nos conducen por senderos de insatisfacción y de infelicidad.

Por mi experiencia al respecto, podría afirmar, que el origen de muchos problemas en relaciones interpersonales es la mala comunicación, y eso se soluciona si desde el principio aclaramos los conceptos.

Por eso quiero iniciar este post, dejando claro que para mí, el amor es simplemente: la máxima bondad, que nace desde lo más profundo de nuestro ser, hacia otro ser, objeto de nuestro amor. Piensen en eso por un minuto, el amor como bondad absoluta.

Creo firmemente que si lo que sentimos,  difiere de esta descripción, no estamos hablando de amor. Es algún otro fantasma disfrazado, pero no es amor. Tal vez sea apego, deseos  de control y manipulación, dependencia, costumbre… o cualquier otra cosa, pero no es amor.

Uno de los mayores conflictos que debemos afrontar, es precisamente ese; tenemos la terrible costumbre de disfrazar otras situaciones y condiciones de nuestra vida, confundiéndolas con amor, lo cual termina desenmascarándose en sufrimiento y dolor. Pero el amor al que hago referencia, es más que un simple sentimiento,  que trasciende las barreras de lo humano y lo divino, que nos acerca a nuestra verdadera esencia cósmica, que nos eleva a dimensiones superiores, que nos hace libres y nos aproxima a Dios.

El amor no es una cárcel, no es un contrato de satisfacción de necesidades, no es el objeto de un compromiso obligado, no es una angustia incesante.

El amor no tiene nada que ver con querer poseer a otros, con necesitar que complementen nuestras vidas, ni con condicionar nuestra felicidad a esas necesidades; el amor no exige cambios, el amor implica aceptar al otro como es y sin condiciones; disfrutar de su presencia permitiéndole Ser, sin acondicionamientos, ni adoctrinamientos; ayudar al otro sin intervenir directamente en su proceso evolutivo, dejándole vivir lo que tiene que vivir, libremente.

Implica también dejar la puerta abierta, para que parta cuando deba hacerlo y tener la madurez para dar gracias por cada momento compartido, deseando buena suerte con sinceridad.

El amor implica compartir y obsequiar sin expectativas; el amor no depende del espacio ni del tiempo, existe y se alimenta de lo que se vive, aunque esto sea la simple contemplación del ser amado, porque es que, al igual que en el sexo tántrico, el amor implica contemplar.

Cada momento compartido, es solo un generoso obsequio a disfrutar, no es un derecho merecido ni una pretenciosa obligación. El tiempo que se desperdicie de este obsequio, es cuota que nunca se recuperará, el amor complementa nuestra esencia, y nace de nosotros, de lo que en verdad somos.

El amor implica reconocer que el otro es un ser humano que puede fallar, y no debe estar sujeto a esto, implica comprender.

El amor, al igual que el ser humano, no es unidimensional, ni unipersonal, no es exclusivo, ni excluyente,  ni pre-juicioso… El amor es simplemente eso, lo mejor de nosotros, enviado hacia alguien más, que puede incluso no estar presente… y todo esto sin más ni más; por eso debemos ser generosos y amar así, sin más ni más… Como en la vida misma, esa es la mejor forma de transitar por este mundo físico, y es la forma natural de las dimensiones superiores.

El amor, nos hace seres divinos, atrévance a amar de verdad… sin más ni más.

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4 thoughts on “Hablando de amor, en términos de espiritualidad

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